Hoy conversamos con Ricard M. Pinyol

Hola Ricard. ¿Pintor o poeta?

Ahora mismo poeta y profesor de dibujo. La parte plástica la sigo viviendo, pero ahora más centrada en el trabajo diario con los alumnos. En la actualidad no tengo mucho tiempo para hacer obra personal y exponerla, esto se debe también al nacimiento de dos hijos en los últimos años, es por eso que la parte creativa se ha quedado más reducida de momento a la escritura. De todas maneras, y ya sé que no es lo mismo, mi manera de escribir tiene mucho que ver con el mundo de la plástica, utilizo a menudo las imágenes como vínculo entre las ideas, y aparte de lo que se pueda encontrar de sonoridad o de musicalidad dentro de cualquier texto mío también podrá facilmente percibir la plasticidad, sobre todo en el uso de la sinestesia y un particular cromatismo.

Anyil, no puede ser más descriptivo de lo que estás diciendo… es una referencia directa a la plástica, lo has titulado con un color

Sí, es muy difícil poner título a un libro, había un escritor, ahora no recuerdo el nombre- al cual le preguntaron: “Ahora qué estáis escribiendo? Y él respondió –“Estoy escribiendo el título de mi libro”. Yo he variado el título de cada libro, dos, tres y cuatro veces hasta que no he encontrado aquel que dices: sí, este es el que le hace falta… Revisando y releyendo mi último libro de poesía encontré en un haiku de la 2ª parte una palabra que parecía decirme más: “Después del relámpago, el temblor añil, los presagios muertos”. Sentí que la palabra “anyil” vibraba dentro de mí de una manera especial, que me daba la tonalidad idónea para el conjunto de poemas que había reunido. El Añil es un color profundo, entre el morado y el violeta; el color azul está hecho de transparencia, es decir de vacío acumulado, es el vacío del aire y del agua. Kandinski habla de qué es un color que provoca un movimiento hacia el centro de nosotros mismos, a la vez que atrae el hombre hacia el infinito. Encontré que era un título perfecto, lo comenté a la editora, Maria Muntaner y le gustó.

¿Cuántos años ya de poesía?

Publiqué mi primer libro de poesía que titulé “La maison bleue”, porque vivía en un piso de estudiantes en Barcelona que tenía las paredes decoradas con papel pintado de azul. Lo concebí conjuntamente con Albert Roig, un amigo de la infancia y poeta que también vivía en aquel piso. Era un momento en el cual leíamos los surrealistas en francés. Este primer libro es del año 1976 y me acuerdo que lo queríamos publicar en Tortosa, pero como no había ninguna editorial, sólo una que editaba cosas del obispado o de historia de la ciudad; nos enteramos que había una imprenta en Roquetes a 5 km en la otra orilla del río, el amo era un joven del PSUC, enseguida conectamos muy bien con él, entendió nuestra ilusión y nuestro espíritu rebelde, teníamos 16 o 17 años. Cada dos o tres días íbamos en bicicleta y le cambiaban la estructura y los poemas, porque cuando tienes 16 años estás en un momento de ebullición, escribes cada día y cada día lo transformas todo, lo volvíamos loco.

¿Hace ya 40 años?

Sí, entremedias tuve un vacío, hasta el 1994 no volví a publicar nada, quizás, porque es la época de formación. Hice filología catalana, después Bellas Artes y sí que iba escribiendo, pero no tenía el ansia para publicar.

Llego a Mallorca el 1991, y monto un Taller de Grabado, a la vez que retomo la escritura, encontré que era un buen momento para intentar ligar una antología. A mí y a un amigo menorquín, nos invitaron a Sa Nostra de Menorca, nos propusieron hacer una lectura de nuestros poemas, con la suerte que después te publicaban un cuaderno, es así como con Jaume Murillo hicimos un recital en Ciutadella y después nos editaron, ‘Disperses’ a mí y a él su libro. Yo incluí dibujos propios.

¿Porque Mallorca?

Porque tenía un amigo que vivía en Algaida y frecuentaba ‘El Molí den Xina’ un espacio abierto al arte donde había un tórculo que nadie sabía muy bien como usar, él sabía que yo estaba haciendo grabado con Magí Baleta en Barcelona, de forma que me invitaron a impartir un curso de grabado en el Molí, de esta forma aterricé en Mallorca, y durante los meses de septiembre del 1988, 89 y 90 vine al ‘Molí den Xina’ donde hice diferentes talleres. El contacto con Mallorca con una lengua común, un paisaje que me recordaba mucho la tierra natal junto con las ganas de huir de Barcelona donde ya se estaba preparando la Olimpiada del 92, me hicieron decidir a hacer la mudanza. Ya hacía 15 años que estaba en Barcelona y estaba un poco cansado de la gran ciudad, de alguna manera creo que añoraba la paz, las calas medio vírgenes y la belleza del campo mediterráneo.

Con Julio León montamos el ‘Taller Torculari’. hicimos muchísimos cursos al tiempo que también estampábamos obra gráfica original de los artistas mallorquines o extranjeros afincados en la isla. Un conocido de Barcelona me había pasado el teléfono de Horacio Sapere, lo llamé, fue una de las primeras personas que conocí aquí, él me facilitó algunos contactos y también hicimos muchos proyectos juntos. He vivido 18 años del mundo de la gráfica.

Está claro que el hecho de no tener un sueldo fijo cuando acabas de ser padre me abocó a meterme en el mundo de la educación, pero en lugar de enseñar catalán como ya había empezado a hacer en la ciudad condal, preferí apuntarme para impartir dibujo. Empecé haciendo sustituciones en la Escuela superior de diseño de Palma; después de algunos años de rodar finalmente tengo plaza fija al Instituto de secundaria Damià Huguet de Campos.

¿El premio Mallorca ha significado algo especial para ti?

Significó un reconocimiento que de alguna manera me hacía falta para tener energía para continuar escribiendo. Me dio mucha alegría porque gané con un libro diferente de lo que había hecho hasta entonces. Principalmente siempre había escrito poesía en verso, en cambio el libro ‘La inspiración y el cadáver’ está formado por unos 40 poemas en prosa. Para mí representó un ejercicio de libertad al cual no estaba acostumbrado.

¿Cómo se trabaja la prosa poética para no caer en la prosa?

De entrada no me siento novelista, no tengo un argumento previo. Tengo un verso a la cabeza que hace de mechero, de chispa para empezar, y una imagen me lleva a otra, voy avanzando y voy puliendo sobre la marcha y poco a poco organizo una estructura mínima. La prosa poética me da espacio, escribo a chorro sin pensar en la métrica; después elimino mucho, voy condensando, buscando una voz y un tono,un ritmo. Cuando hago grabado o dibujo siempre es desde un espíritu poético. Yo no soy narrador. Mi madre siempre me decía, ¿porque no escribes una novela? Un día cuando ya casi tenía terminada ‘La inspiración y el cadáver’ le llevé una fotocopia del libro y en la dedicatoria le escribí que pensaba que esto era el máximo que podía hacer en prosa, la novela que puedo hacer de momento es esta. La poesía busca siempre la sorpresa, es una transformación del lenguaje, una investigación abisal para encontrar la imagen inédita.

Escribir un soneto es difícil pero llegarlo a escribir y que quede como tú quieres es muy difícil ¿Qué parte de importancia tiene la técnica a la hora de escribir?

Mucha, te da oficio, te ayuda a saber hacer hincapié donde toca, sirve para ejercitarte a hacer rimas, etc. Yo he hecho algún soneto pero no me ha gústado nunca el resultado, prefiero la poesía rítmica, libre, musical, metrificada o no, pero no ceñida a una estructura prefijada. No obstante en el último libro Anyil he ensayado en hacer haikus y otras métricas japonesas porque son estrofas cortas, de 3 y 5 versos con las silabas contadas, y aun así resulta bastante complicado, puesto que implica un enorme ejercicio de condensación, de encontrar las palabras justas, hay un trabajo de concisión verbal tan importante cómo en el reto de hacer un buen soneto.

La tinta es fa ombra sobre el paper i el vers llamp

o desglaç, crit o escrit, és cel o sang negra que la

mà vessa com llum de l’ombra. Més invenció que

mentida el poema és despullament i ritme, set o

secret. En el vers les paraules són com la neu que

va caient en volves lleugeres sobre la rasa blanca

del paper. De vegades podem veure el sender per

on trepitja desbocat el cavall salvatge del cor o el

desig que mai no s’assacia.

El poema és un mirall, la mirada d’uns ulls que

cerquen uns altres ulls; la recerca d’una sorpresa,

una forma de respirar; de temptar la fondària.

 

Parece que el haiku ahora está de moda

Ya hace mucho de años que descubrí la poesía japonesa sobre todo la del periodo Edo: Matsuo Basho, Ryokan…. tenía el Manyoshu, que es la antología de la poesía clásica japonesa de los siglos XVII y XVIII, cuando Japón estaba cerrado sobre si mismo. Me interesa mucho el arte y la cultura japonesa. Cuando vivía en Barcelona frecuentaba un dojo, el Seitai, allí aprendí una práctica japonesa (creada por el Maestro H. Noguchi) que he seguido practicando en casa, se trata de un tipo de gimnasia del sistema involuntario del cuerpo, a partir del estimulo de la parte extrapiramidal del cerebro, uno se suelta, abandona cualquier fuerza o pensamiento hasta casi desaparecer en la respiración y el movimiento. El dojo publicaba a nivel interno una revista donde pude leer diferentes aspectos del Japón y de su saber hacer ancestral, aspectos del taoísmo y el zen. Me gustaría pensar que mi poesía ha guardado algún aliento de este espíritu.

Si pero también tienes un toque mediterráneo muy importante. ¿Cómo se aúna?

Claro que soy mediterráneo y me siento privilegiado de pertenecer al Mediterráneo. Me fascina su cultura, el hombre, la luz y la naturaleza de esta tierra; poder percibir como la brisa hace hablar a un almendro o a un olivo. En este libro que comentamos: Anyil , hay un poema que nace de una cita del amigo y gran poeta Andreu Vidal que habla justamente de la mirada, de cómo en el fondo podemos a través de la luz y los ojos fundirnos con el sujeto contemplado.

Copsar la llum de la cosa mirada, restar dissolt en cada imatge.

Esto lo puedes hacer desde el mediterráneo, desde Cantabria o desde Kyoto.

He leído que en Tortosa no había una gran tradición de poetas y en cambio ahora sois tres o cuatro y aquí en Mallorca ahora hay un boom de la poesía

En Tortosa tuvimos un gran escritor al s. XVI, me refiero al caballero Cristòfol Despuig que no escribió poesía, pero sí el importante libro: Los coloquios de la insigne ciudad de Tortosa . En Tortosa nació el gran poeta del barroco literario en catalán: Francesc Vicenç García, Lo Rector de Vallfogona y después para de contar. No es hasta el siglo XX en que de nuevo empezamos a tener buenos poetas, es el caso de Gerard Vergés, que murió hace dos años, la delicada, excelente y casi desconocida poeta Zoraida Burgos y el buen prosista y también poeta Manolo Pérez Bonfill, los tres pertenecen a una generación anterior a mi y son los escritores que tanto Josep Ramon Roig, su hermano Albert Roig, Andreu Subirats y yo mismo hemos conocido y hemos tenido como referentes poéticos más inmediatos.

¿Ya se puede hablar de una escuela tortosina?

Hombre, piensa que en la posguerra Gerard Vergés con Jesús Massip –el archivero de la ciudad- y Manolo Pérez editaron la revista Gemines en un intento por hacer sobrevivir la literatura en catalán en aquella época tan negra. Nosotros, muchos años más tarde formamos para divertirnos y debatir el grupo ‘Lo Parnasso Tortosí’ que estaba abierto a todas las artes, conseguimos publicar el libro de poesía visual y versos La isla de los bueyes (1989) y editar una revista preciosa -tanto por los contenidos como por el formato alargado que tenía- a través de la Coop. La ventana. Sólo vieron la luz tres números: T(D) 1986, D(T) 1987 y (DD) 1988. La D hacía referencia a Dertusa y la T en Tortosa. La codirigió Albert Roig con el pintor Leonardo Escoda. aparecieron fotografías de Toni Catany, textos sobre Agustí Villaronga, Blai Bonet, Carles Santos, un homenaje a J.V. Foix, a Clarice Lispector… también testigos de la Tortosa andalusí, de Abu Bark Al-Turtusí y tantas otras cosas.

Yo ahora no sé si se está haciendo nada, hace mucho años que no vivo en Tortosa, aunque voy dos veces al año. Sigo a un escritor de la Sènia en Joan Todó, me gusta mucho cómo escribe. El año pasado el ed. La Breve sacó un libro a tres manos: ‘La investigación del flamenco’ escrita a pie de los arrozales en el Delta del Ebro, el libro contiene tres cuentos, uno es de en Todó y los otros dos pertenecen a dos escritores jóvenes mallorquines: Jaume C. Pons Alorda y Sebastià Portillo.

De los artistas tortosins hay que citar a Francesc Gimeno, un gran pintor que supo captar la esencia y el drama de las tierras del Ebro y después de Barcelona y Sabadell. También son importantes: Guillermo Bergnes, Ricard Cerveto y Ferran Arasa en mi casa había cuadros de algunos de ellos, me gustan y supongo que deben estar en algún sustrato de mi proceso creativo.

Hoy lo que pasa es que a Mallorca no nos llega todo, parece cómo si los Países catalanes estuviesen desintegrados, lo de aquí justo si llega a Barcelona y me da la impresión que tampoco llega a Girona, Castelló o Valencia. Y no hablamos del transito cultural inexistente entre islas. En pleno siglo XXI con este “boom” de la comunicación, es una vergüenza, un hecho inaudito que no puedo entender.

Nosotros justamente es lo que pretendemos…

Sí, encuentro que hacía mucha falta la tarea que habéis puesto en marcha a ArtXipèlag, es un trabajo y un espacio que es muy necesario que exista puesto que me parece que estáis consiguiendo hacer de puente entre las islas.

Gracias Ricard por este rato.