Una conversación con Adrián Rosa, pintor

Hoy conversamos con el pintor Adrián Rosa en su casa de Platja d’en Bossa en Eivissa

Hola Adrian, son  ya muchos años de carrera ¿No? ¿Nos puedes decir cuántos?

Si, muchos ya. Empecé a dibujar a los 12 años y a pintar, bueno creo que a los 15. Así que 70 años

¿Dónde empiezas a dibujar?

Empecé en Artes y Oficios. En Eivissa en el 43, tenía 12 años. A mí me gustaba dibujar y me hacía ilusión, así que cuando entré en el instituto a los 12 años, también ingresé en Artes y Oficios por las tardes, de 6:30 a 8:30.

 ¿Qué profesores teníais allí?

El primero que tuve fue Tarrés en el 43, y a finales del 44 o del 45 Tarrés falleció, no muy anciano, es que estaba enfermo. Tarrés había estado en el Castillo en el momento en que los republicanos hicieron la famosa matanza, en setiembre del 36. La noche de la matanza, poco antes, algunos pudieron escaparse y se tiraron por las ventanas de la parte de atrás del castillo. Él iba con su hijo que era un hombre joven, tenía 23 o 24 años y no le pasó nada, pero Tarrés al caer se fracturó las dos piernas y la cadera. El hijo lo tuvo que llevar en brazos. Ya anduvo siempre cojo con problemas en la cadera y delicado de salud.

Luego vino Don Ignacio Agudo Clará el resto de los años que yo estuve allí, durante 7 años. Nos daba clases con Antonio Pomar, Calbet….

¿Recuerdas si de aquellos profesores y sus enseñanzas algo te fue útil especialmente?

Si, si por supuesto. Recuerdo que Tarrés empezaba con un cubo, luego la silla ibicenca tradicional y cuando ya la dominábamos teníamos que hacer frente a otra forma más compleja que era la jarra ibicenca de dos asas. Luego ya venían los yesos. Era un sistema muy racional. Yo recuerdo perfectamente como me explicaba cómo debía de hacer un cubo  y lo sé hacer desde entonces.

Agudo Clará era un hombre con un gran encanto personal, tenía mucho cariño a sus alumnos y un amor inmenso por el dibujo y la pintura. Nos trasmitía ese cariño a nosotros.

Son dos pintores que no han tenido mucho éxito en Ibiza. La verdad es que, sobre todo Agudo Clará, es un pintor bastante desconocido.

Bueno, pero Agudo Clará tuvo una compensación que no tuvo ningún pintor de su momento aquí en Ibiza, era el único que vendió cuadros y ganó dinero.

Su casa de Dalt Vila – al lado de la catedral –  la ganó con la pintura. No me dio detalles, pero me imagino que pintó muchos retratos a los obispos. Quizás una manera de pagarle fue con la casa, pues pertenecía al obispado, es lógico pensar que fue un arreglo. Eso fue a finales de los años 50, ya en los años 40 y en los 50 – cuando era profesor mío – tenía la casa abierta y  vendía bodegones y retratos. Los otros pintores le tenían un poco de envidia, pues a él le compraba la pequeña burguesía de aquel tiempo.

Después conocí a Francisco Carreño, pintor y profesor del Instituto, que era valenciano. Tuve mucha suerte pues tanto Agudo Clará como Carreño me protegieron, me ayudaron. Vieron a un niño con una gran afición y me dieron muy buenos consejos sobre dibujo y pintura y después Carreño me indicó el camino y me aconsejó irme a estudiar a Valencia. Yo tenía entonces 16 o 17 años y hasta los 19 me orientó, era un hombre muy preparado, muy inteligente. Me aconsejó hacer el ingreso en Valencia, y así lo hice.

 Había que hacer una prueba para entrar en Bellas Artes bastante exigente ¿No?

Sí, había que hacer una prueba que era entonces resolver una estatua al carbón de unos  80 cm. O sea, que había que demostrar que se tenía una cierta base de dibujo y además como yo ya había pintado, pude presentarme para el ingreso y para la preparatoria, el primer curso. Entré e hice los otros cuatro cursos

Ya era caro entrar en Bellas artes en esa época,  ¿Cómo lo hiciste? Sé que no era fácil

Ya en el primer curso tuve la ayuda de una beca de unos 300 pts. mensuales, que conseguí enseguida, y con ese dinero podía pagar la habitación e iba a comer a casas de comida sencillas. A final de curso, un compañero que estaba en mi situación, me dice que sabía que en el colegio de los jesuitas admitían a estudiantes. Podías entrar a servir las comidas a los niños a cambio de comer ahí. Durante los tres cursos que quedaban estuve sirviendo las comidas y las cenas en ese colegio y así ahorraba

Debiste de conocer al Padre Beltrán, un gran poeta

Si, pues le conocí, muy simpático y me trató con mucho cariño.

Acabas la carrera y ¿Qué haces?

Por consejo de Carreño hice una solicitud para encontrar en España una plaza de profesor interino. Me dieron en Cartagena la plaza de encargado de cátedra y allí estuve tres años.

Después lo dejé y me marché al extranjero y estuve 5 años sin volver a España

Pero ¿Habías venido a Eivissa antes?

Tanto cuando estaba en Valencia, como luego en Cartagena los veranos estaba aquí y también  durante las vacaciones

¿Participabas en exposiciones aquí en Eivissa?

Si claro, siempre participaba en los años 40 y 50, en las de Ebusus con todos los demás y en algunas otras

 

Fuiste unos de los alumnos, junto con Pomar, más apreciados en Artes y Oficios

Sí, tengo muchos diplomas. Pomar era tres años mayor que yo y ya tenía un nivel más alto que el mío. Llevaba ya dos o tres años de dibujo

Es curioso pensar que la escuela valenciana os ha influido tanto a los pintores de Ibiza porque muchos estudiaron Bellas Artes allí.

Sí, yo estudié con Fernando la Huerta y conocí también por medio de Carreño a Ricardo Verde, un pintor ya muy mayor cuando le conocí.

Tu mentor, Francisco Carreño exponía también en Ebusus

En colectivas si, individuales no. Él había resuelto su vida – la cuestión económica –  dando clases. Era un hombre muy castigado por el régimen por su militancia en Valencia durante la guerra civil. Había sido colaborador principal y amigo del famoso cartelista valenciano Josep Renau, durante la República. Trabajaban en la propaganda y cuando se terminó la guerra lo metieron en la cárcel, no mucho tiempo, pero después ya no pudo optar a dar clases. Al final consiguió paso a paso recuperar el acceso y retornar a la función pública. Cuando estuvo en Eivissa al principio estaba interino. Luego pudo optar a unas oposiciones y como era un hombre muy inteligente le dieron el número uno y pudo escoger la plaza. Como estaba enamorado de Ibiza vino aquí.

Después fue a Mallorca, en donde estuvo en un grupo del que no recuerdo el nombre (N.R. Grupo Tago) y acabó su carrera en Mallorca.

A él no le interesaba exponer, no tenía ni codicia ni vanidad. Quería vivir la vida en paz y tranquilidad. Le gustaba pintar y pintaba. Si hizo una exposición en Valencia cuando yo estaba allí.

¿En la sala Mateu?

No recuerdo. Yo hice una exposición allí y conocí al dueño, el señor Mateu. Un señor muy simpático. Creo que era el año 43. Era la galería dónde exponía todo el mundo en esos años.

Bueno, Cartagena. Dejas una plaza buenísima que tenías y te vas al extranjero, ¿Por qué tomas esa decisión?

Hay una razón muy clara, nos metemos en el mundo de la picaresca. Hice algo que mucha gente  vio mal, aunque yo lo vi bien. Durante el segundo curso, como venía a Ibiza a pasar las vacaciones, conocí a una chica alemana que estaba estudiando en Madrid. La invité a pasar unos días en Cartagena donde estuvo viviendo conmigo en el apartamento que yo tenía. Unas semanas después de que se marchara, el director de mi centro – el Instituto Isaac Peral – me dice que había tenido unas quejas de padres de alumnos, que sabían que había estado conviviendo con una muchacha, y que no estaría bien que volviera a ocurrir porque no podría conservar la plaza.

Yo era un chico de 25 años y mi mentalidad entonces era la de los jóvenes de hoy en día. Y era el año 56. Pero al año siguiente me ocurrió con otra chica y estuvo conmigo un mes. Una vez pasadas las vacaciones de Navidad, el director me convocó y me dijo que le habían dado la plaza a otro con más antigüedad, y que ya lo habían publicado en el BOE no podía hacer nada. Yo ya tenía previsto que pudiera ocurrir y me tuve que ir. Esta chica vivía en Copenhague y  cuando supo que me tenía que ir del instituto me invitó a ir allí con ella.

¿Expusiste en Cartagena?

Si, hice dos exposiciones, conservo algo de documentación y fotografías.

En Cartagena, que en esa época era el pueblo con más población de España, había sobre todo un ambiente de militares, ya que era una base de la Marina. Muy poca cosa de cultura.

Conocí por medio de un profesor a un grupo de jóvenes que se reunían en el estudio de un viejo profesor, poetas y abogados y que me acogieron muy bien. Algunos de ellos vinieron a visitarme después a mi casa de Dalt Vila, que era muy grande, mis amigos Gabriel Navarro y Alfonso Luci.

Esa casa la vendimos mi hermana y yo cuando murieron mis padres. Era muy húmeda y en invierno no teníamos sol.

Te vas a Dinamarca ¿Y?

Estuve 5 años antes de volver a España. En Dinamarca 2 años, 1 año en Bélgica… Al principio me defendí con la pintura, conocí a un galerista que me iba vendiendo, durante un año largo.

Más tarde – como yo siempre he tocado la guitarra como aficionado – en el mismo bar que yo frecuentaba y un bar muy famoso en el que se reunían artistas, el Tokanten, un hombre joven se me presenta y me cuenta que estaba dando clases de flamenco y que no estaba muy contento con la pianista que tenía. Me había oído con la guitarra y me pidió si quería trabajar con él. Se empezó a ilusionar y formamos un grupo de flamenco.

En ese Bar coincidí con Gabrielet, de Formentera, que también andaba por ahí con una chica que había conocido.

La verdad es que para mí fue una alegría y así ganaba un poco de dinero. Terminamos formando el grupo, e hicimos un programa donde actuaba media parte una orquesta y la otra media parte yo con la guitarra y unas chicas que bailaban flamenco.  Buscamos a un agente que nos fue consiguiendo bolos. Estuve un año largo en los países escandinavos y también en Yugoslavia. Ahí íbamos de hotel en hotel  durante 6 meses. En una fiesta tuve a Tito delante de mí, iba vestido de blanco. Luego se deshizo el grupo, las bailarinas querían hacer otras cosas.

Después conocí a otra chica en Copenhague que quería aprender a bailar y que al final acabó siendo la madre de mi hija. Juntos nos fuimos a Bruselas, ya que yo al acabar el trabajo en el grupo flamenco me quedé un poco en paro, y unos amigos me recomendaron que fuera a Bruselas dónde decían se vendía bien la pintura en esos momentos. De allí, después de un tiempo ya volvimos a Ibiza.

Era el año 1964. Nada más llegar me puse en contacto con los amigos. Pomar me comentó que se empezaba a vender cuadros. Le pregunté por sus precios de venta y cunado me señaló que por un tamaño relativamente pequeño se podían pedir dos mil pesetas me animé. Empecé a exponer en la Caja de Pensiones cada año y también por toda la isla.

Has hecho montones de exposiciones individuales aquí en Ibiza

Si muchas.  En el año 1965 el Hotel Es Pins de Sant Antoni me encargan la decoración de todo el hotel. Estuve todo un invierno trabajando en una pintura de 7 metros para el comedor, otra para el bar y para las 80 habitaciones

¿Se han conservado?

Creo que sí. Lo llevaban dos hermanas, Marta y Margarita, que después han tenido un restaurante en Santa Eulàlia. Siempre hemos sido amigos desde entonces.

En Eivissa, como pintor, participas también en todas las colectivas

Si, en El Corsario participé en muchas colectivas. También en Ivan Spence y antes en Van der Voort, y en muchas otras con los demás de la época.

En los años 70 hice una nueva amiga, Danielle Rosenberg. Una socióloga que escribió un libro muy importante ‘Ibiza, una isla para otra vida’. Estuvimos juntos 16 años. Para ganar un poco de dinero se fue a un taller de sudamericanos para aprender a hacer cuero, y como vi que no era muy difícil empecé yo a trabajar también el cuero. Estuve unos años trabajando en eso, en el 71 y en el 72.

Se ganaba dinero, pero lo dejamos en pleno auge porque yo quería seguir pintando y ella escribiendo. Ya ves que no ha sido la codicia lo que me ha movido a mí y muy poco la vanidad.

Ahora en Eivissa ya no hay salas para exponer, ni galerías

Sí, hay algunos sitios para exponer. Yo tengo modestamente la vida económica solucionada y no necesito vender realmente. Hice hace 4 años una retrospectiva en Vara de Rey y el año pasado una exposición en Sa Nostra.  Ahora trabajo más por placer que con la vista puesta en lo comercial

Te ha gustado mucho estos últimos años la restauración, te has dedicado a ello

Sí, mucho. Conocí a Mamen Carretero, restauradora y  directora durante 6 años de Artes y Oficios  que me enseño a restaurar. Y tuve la suerte de hacer la restauración de la bóveda de Santo Domingo. Estuve ahí trabajando 3 meses y me  ha dado mucha satisfacción de parte de la gente,  me felicitaban por la calle durante todo un año. Por lo visto representó un gran mérito y gustó mucho a todo el mundo.

Había padecido un incendio ¿No?

Si, se quemó un tercio de la primera gran bóveda y la segunda solo se ennegreció. Después de Elías Torres – el arquitecto – que era amigo del obispo, le convenció sorprendentemente para hacer una especie de trabajo pop en una iglesia del siglo XVII. Rascaron todo lo quemado y en vez de poner un color único y que no molestara mucho, pusieron una especie de paso de cebra en dos colores. La gente se quejó mucho, no gustaba nada.

Yo di otra solución. Era la labor de un pintor para hacer algo que se integrara. La única información que yo tenía venía de los consejos de un libro de Max Doerner, sobre técnica pictórica y consejos sobre restauración, me pedían algo que se pareciera a lo que había. No puse figuras nuevas y creo que quedó muy bien.

Poco después me sale un trabajo en San Antonio para restaurar unos cuadros muy grandes del siglo XVII. He ido haciendo cosas que me han pedido. También he hecho algunas donaciones, como dos cuadros sobre madera que están en la Iglesia de Santa Cruz.

¿Hiciste alguna otra cosa de ese tipo?

Si, para Artes y Oficios, y para Santo Domingo Sabio en la capilla sobre la pared en acrílico. Un día tenía ganas de hacer una donación a alguna iglesia y fui a ver al Obispo. Le expliqué mis trabajos de restauración y me ofrecí porque me gustaba mucho pintar murales. Me habló de Santo Domingo Sabio y cómo era un colegio para niños hice la escena de Jesús con los niños

¿Qué es la pintura para ti? ¿Por qué el arte?

Para mí es una satisfacción, me permite vivir en un nivel de espiritualidad, un poco más elevado que el mundo de la calle, la estética, la belleza.

¿Cómo defines tu pintura?

Es figurativa pero teniendo en cuenta los valores plásticos. El plano tiene dos dimensiones que hay que llenar con formas, es la manera de transportar lo que veo al plano de la tela.