En el centenario de Joan Brossa

PERE GOMILA, QUADERNS DEL TURÓ, 16.04.2019 El pasado mes de enero se cumplieron los cien años del nacimiento de Joan 
Brossa i Cuervo (Barcelona 1919-1998). Poeta, dramaturgo y artista, publicó 
una setentena de libros y una decena de piezas teatrales, además de un numeroso 
conjunto de poemas visuales y objectuales.

“La poesía es un fragmento de la vida atrapado en una página en blanco”.  Para Joan Brossa, el poema sustrae formas de la vida para conservarlas en los versos y, por lo tanto, se manifiesta a partir de la diversidad y la complejidad de la existencia, del interés por el hombre, del compromiso ético y social, de todo aquello que nos sucede y que nos llega, siempre a punto para ser dicho en las palabras precisas, en la forma múltiple y nueva del arte. Así, su obra es el fruto de una exuberante dedicación  a la poesía y al arte desde una radical contemporaneidad mediante un proceso continuo de investigación y de experimentación de nuevas formas. Joan Brossa, con una obra de un volumen y diversidad impresionantes, representa de la manera más decidida la vanguardia en la literatura catalana de la segunda mitad del siglo XX.

Empecé a leer Joan Brossa a principios de la década de los 70, en el volumen Poesia Rasa (Ariel, 1970), que reunía los diecisiete libros que el poeta había escrito desde 1943 a 1959. Poesia rasa fue, de hecho, la revelación de un autor prácticamente desconocido que rompia con los moldes de la época y que llevaba a cabo una aventura intelectual y estética única durante los años opresivos de la dictadura con un corpus que avanza siempre fiel a él mismo, a la libertad creativa y al lenguaje más contemporáneo. En la contracubierta del libro, prologado por el profesor Manuel Sacristán, se decía que “Joan Brossa es paradigma a la vez de vanguardismo y de anacronismo: celebrado por unos, mientras otros le niegan el pan y la sal, es desconocido para la mayoría de lectores” y señalaba el volumen como uno de los libros fundamentales de la poesía catalana del siglo XX. De hecho, Brossa acontecería un maestro de referencia para los jóvenes de la generación de los 70 que irrumpían con fuerza en el panorama de la poesía catalana.

Hijo de un grabador, Joan Brossa nació en el seno de una familia humilde. A los 17 años se alistó al ejército republicano y sirvió en el frente de Lleida durante la Guerra Civil. De aquella época son los primeros escritos, dedicados sobre todo a sus compañeros, donde ya se manifestaban los ideales catalanistas y de izquierdas que mantendría durante toda la vida. Después de la guerra se vio obligado a hacer el servicio militar en Salamanca. Cuando vuelve a Barcelona, trabaja esporádicamente de grabador y de vendedor de libros prohibidos. Entonces empieza a escribir poesía y conoce J.V. Foix y Joan Miró, las dos figuras más significativas de la vanguardia catalana. Brossa se interesó por el surrealismo y adoptó las técnicas para elaborar lo que denominaba imágenes hipnagògiques que trasladó a la forma clásica del soneto por influencia de Foix. El 1947 conoció el filósofo Arnau Puig y el artista Joan Ponç, con los cuales fundó la mítica revista “Dau al set”. En aquella época empezó a escribir también la obra teatral, que él denominaba poesía escènica.

La poesía de Brossa, que no abandonaría nunca la experimentación en su obra, inició un tumbo importante en la década de los 50 al ligarse más a la realidad cotidiana y al compromiso político,  a la vez que investigaba otros modelos métricos como la oda sáfica, forma en la cual llegó a producir diez libros que destacan por la denuncia de la opresión y la exhortación a la solidaridad, pero que también incluyen temas como la poesía amorosa. Después, el poeta avanzó hacía la esencialidad y la conceptualización y desarrolló de manera notable la poesía visual y la creación plástica, sin dejar de lado la poesía discursiva con la investigación otras métricas, como la sextina, una forma medieval que le permitía experimentar nuevos caminos. La década de 1990 fue la de un pleno reconocimiento de Joan Brossa que recibió importantes galardones, como los premios Nacional de Cultura o de la Crítica. Brossa murió a causa de un accidente doméstico cuando se le preparaban una serie de homenajes, entre los cuales el nombramiento de Doctor Honoris causa por la UB que se le concedió a título póstumo.

L’illa inaudita (Diari Menorca, 16-04-2019)