Hoy conversamos con Josep M. Quintana

Hoy conversamos con Josep M. Quintana en la librería Jaume de Montsó de Palma donde presenta su nuevo libro ‘ La noia que va sortir d’un quadre de Botticelli’

 

Buenos días, Josep Maria. Experto en derecho, escritor, registrador de la propiedad, filólogo….no sé por dónde empezar.

Sí, soy una persona con diferentes inquietudes en este aspecto y muchos años de mi vida, que ya es larga, los he dedicado, en diferentes momentos, a hacer derecho, historia, literatura, que es lo más reciente. No hice literatura hasta los años noventa y sí, a partir de aquí, es lo que más me ha interesado, aunque también he hecho algún libro de ensayo. Y es que, la literatura  me ha parecido fundamental para explicar la naturaleza humana,  para explicar muchas cosas que veía que no podía hacer haciendo un libro de ensayo o de historia, donde siempre el rigor tiene que ser claro y tienes que hacer una hipótesis, en todo caso, si no la tienes documentada, mientras que la intuición de la vida te da una visión del mundo y de la sociedad que a través de la literatura la puedes expresar, porque la literatura es creación, es fantasía, imaginación…. Cómo decía Vargas Llosa ‘Vamos a contar mentiras para explicar la realidad’.

Por mí ha sido provechoso pues poder aprovechar la imaginación y la palabra para crear un mundo y explicar este mundo a través de la literatura.

 

Tanto en  Els Nikolaidis como en este último libro mezcla también historia.

 

 

Toda mi obra novelística, todos mis libros tienen una base histórica. Yo me hice un propósito, a la manera de Balzac, que decía que escribiría 126 libros para explicar la sociedad. Yo vi que había momentos a la historia, fijados principalmente en Menorca, que tenían una trascendencia tal que me podían permitir hacer literatura sobre estos momentos. Es decir, traducir lo que yo conocía a través de la historia y crear un producto que no fuera historia local si no que pudiera interesar a todo el mundo. Y por lo tanto toda mi literatura parte de unos hechos históricos de tal manera que la historia está muy elaborada, la historia en mayúsculas no es la novela, lo son los personajes, sus sentimientos, sus ambiciones, sus fracasos. Pero se mueven en un marco, en mis libros, donde la historia tiene importancia, porque de alguna manera los transforma, los hace sufrir y sufrir, los condiciona.

Ahora comentaba una reseña que me hizo un crítico de El Temps sobre esta última novela, que, como sabe que yo soy muy aficionado al mundo de la ópera, me dijo que en  mi obra literaria la historia es un tipo de attrezzo, pero no un attrezzo para  embellecer, sino un attrezzo que condiciona los personajes. El mundo donde se desarrolla tiene que estar muy muy elaborado.

Els Nikolaidis por ejemplo, es todo el mundo de la segunda parte del siglo XVIII, es la historia de esta familia, pero la historia de esta familia no se explicaría sólo por su manera de ser, sino que está condicionada también por la historia de este periodo, el de las conquistas inglesa, francesa y después española, que los condiciona. Ellos son capaces de sobrevivir a todas estas cosas, cosa que no sucede con las otras familias que habían venido de fuera. Y aquí es donde puede entrar la literatura, ¿porque sobreviven? Y aquí es donde entran todas las consideraciones humanas, de sensibilidad, que hacen que un historiador no lo pueda explicar pero si un novelista. Y esta es un poco la síntesis de todas mis obras.

 

Els Nikolaidis es la primera obra de este carácter histórico. Después vienen  Els Clark, ya dentro del siglo XIX, la burguesía industrial y financiera de la época y la tercera ‘Els herois de la nit’, una novela que es un juego, puesto que es una carta personal que escribe una persona de mi generación a una hija para explicar su fracaso en el mundo literario pero en  dónde hace un análisis de dos revoluciones perdidas que él vivió, una que es la del 68 en París y la de sus padres y que lo marcó y que es la revolución del 36.

También tengo un libro con el que  gané el Ciutat de Palma, a partir de unos hechos que viven unos pintores que están en Menorca durante la república y viven toda una serie de peripecias y yo hago todo un ensayo literario sobre el mundo de París de la época y la España de estos pintores. Es decir, la historia me importa mucho, la historia es este attrezzo, esta base por donde se moverán mis personajes, pero la literatura es el intríngulis  de estos personajes, los sentimientos es lo que hace vibrar el papel literario cuando escribo.

 

La historia de la ocupación al siglo XVIII por parte de los ingleses, franceses y españoles hasta el 1802, la potencia de esta ocupación, ¿No tapa el resto de la importantísima historia de la isla? Se habla siempre del mismo, ¿no?

Comprendo que tiene un momento exótico, es decir, una isla balear donde se habla catalán, como en Mallorca, que tiene una cultura y tiene una ocupación inglesa seguida durante 40 años, y que seguirá después con otros, que hace que no siga el mundo español de los decretos de nueva planta, todo esto hace que se cree  un mundo literario especial  hasta que podamos hablar del periodo menorquín de la literatura de la cultura catalana, porque es allá donde se hacía literatura, teatro de calidad durante la república ‘ la lengua muerta para la república de las letras’ que decía A. de Capmany. Pues claro esto crea un mito. Menorca se transforma, Menorca duplica la población en aquel siglo, es lógico que sea una época que realmente despierte la curiosidad de los lectores. Yo lo veo con esta última novela que es la que ha tenido más trascendencia, tiene un plus añadido por la época de la cual habla. En definitiva yo creo que sí, apaga de alguna manera el resto que ya es más igual que lo  que pasa en los otros lugares y aquí le da una personalidad propia que afecta toda la isla.

 

Cuando viajas a Inglaterra tienes la sensación que es más importante lo que pasó en Menorca en el siglo XIX para los ingleses que para los españoles. Encuentras  más referencias…

Es que la Menorca del siglo XVIII forma parte de la historia de Europa, lo que pasaba allí era un reflejo de la política europea. Hay una película de época, ‘Howards end’ creo que era, donde en una reunión de un lord se puede oír  que dicen: ‘no, aquí no tenemos que salir, es el mundo que viene en esta casa’

Menorca en aquel momento no tenía que salir porque era la política que venía a Menorca, eran las ambiciones inglesas, francesas, españolas que se despliegan en la isla.

Esto me ha permitido escribir un libro que publiqué el mes de octubre, largo, denso, sobre las relaciones iglesia-estado en la Menorca del siglo XVIII  ‘Una historia particular’ y claro, aquello que pasa en aquel momento, no pasa en  ningún otro lugar. Una sociedad tradicionalmente católica pero que pertenece a Inglaterra, que tiene un obispo que es el de Mallorca, que es católico y que pertenece a España, eso provoca un choque  de civilizaciones entre la política británica y  la iglesia. Esto me ha permitido hacer un libro de 400 páginas sobre esta relación, da mucho de sí.

 

Usted es de Alaior ¿Esto quiere decir que es neutral? Cómo que es de en medio…

Yo he sido registrador en Ciutadella durante 25 años y una vez que me lo preguntaron  dije que soy un menorquín que nació en Alaior, que trabaja en Ciutadella y vive en Es Castell y que se siente mahonés. Yo soy fundamentalmente menorquín, aunque en la ciudad en donde he escrito más es Mahón.

 

¿Y de política cómo vamos? Porque usted también ha hecho política

Sin ejercer, dando opinión, sí. Si me ha interesado mucho la política, y sobre todo en momentos de desprestigio cómo este de ahora,  me parece el arte más noble que se puede hacer.

A la gente como yo, ya de cierta edad y que vivimos el franquismo no nos hace nada de gracia lo que tenemos ahora. Justamente celebramos los 40 años desde las primeras elecciones del 77, lo más bonito que yo he vivido, la posibilidad de salir de un infierno, de una cosa donde no teníamos opinión y poder opinar, elegir a nuestros representantes y construir una constitución en la cual todos, más o menos, nos sintiéramos a gusto y nadie quiso imponer unas cosas sobre las otras, evidentemente que perdonamos, pero perdonar es importante, construimos un mundo nuevo y muy importante por los españoles y  a partir de aquí hemos podido hacer muchas cosas. ¿Que tenemos una autonomía que no nos gusta del todo? Sí, pero es que no la  teníamos, ahora tenemos un parlamento balear que hace leyes, tenemos los consejos insulares en cada una de las islas, por lo que  Menorca había luchado durante siglos, puesto que nunca habíamos tenido la posibilidad de tener una institución que representase a la isla, sólo la diputación, que es una cosa de Mallorca donde hay dos menorquines que están perdidos por allá. Yo creo que la política tiene el arte de superarse, rehacerse y de ver  las cosas que no están bien. Yo soy, en este aspecto, una persona respetuosa y optimista y creo que estamos mucho mejor de lo que estábamos y que posiblemente podríamos estar mejor de lo que estamos ahora.

 

¿Cómo  cree que hemos llegado a este proceso de desprestigio de la transición?

Creo que el desprestigio no es de la transición sino de los políticos y de la política que hacen ahora. Tengo el mejor criterio de los políticos de la transición y pondré el ejemplo del Sr. Canyelles, a quien no voté nunca, que fue capaz desde la derecha de hacer una ley de normalización lingüística en Baleares de acuerdo con el PSM, por ejemplo. Esto es impensable con José Ramón Bauzá. De los políticos que yo conocí de la transición no conozco a ninguno  que se embolsara ningún duro. Todos dejaron parte de su patrimonio, había ilusión, ganas de hacer cosas. Cada cual tenía su ideología pero todos podían discutir. En Menorca yo fui el representante de la candidatura de izquierdas de aquel momento que perdió las elecciones al senado por diez o quince o veinte o treinta votos, no lo sé, pero al  día siguiente, el Sr. De Olivas, que ganó por la UCD,  nos llamó a todos para formar una asamblea autonómica de Menorca y juntos pensar lo que teníamos que construir. Esto hoy es impensable, pero esto no es culpa de la transición, es culpa de los políticos que tenemos hoy, que no tienen la grandeza ni la historia ni la preparación que tenían aquellos, ni la ilusión y además cómo que no saben historia, consideran que aquello era el desastre. Ellos se tendrían que poner ante un espejo y considerar que es lo que están haciendo mal, que ellos son el desastre

 

¿Cómo ve el futuro de Cataluña? ¿Cómo salimos de esta ratonera?

Tengo una visión y como jurista además, porque es muy difícil sólo hacer política. Mi síntesis sería: con la ley, sí. Sólo con la ley, no. Es decir que somos críticos con los catalanes  no  somos críticos con los españoles, cosa que no se encuentra en  ningún diario de España. En Cataluña sí. En Cataluña hay sectores que son críticos con la política que llevan los catalanes. Sólo los catalanófilos reparten las culpas de lo que está sucediendo. En los medios de Madrid no te encuentras a nadie que las distribuya, sólo cargan contra Cataluña.

Yo creo que esto se ha llevado muy mal, una parte importante de culpa la tiene el gobierno de Rajoy, el gobierno de Aznar, donde empiezan a hacer una política muy anti catalana clarísima, contra el estatuto y así nace todo este desastre, campaña, firmas, se elimina el estatuto y a partir de aquí se radicaliza la otra parte y, yo aquí he sido catalanista de toda la vida, soy crítico, porque me parece que ir a una ruptura, si la constitución se rompe, es romper el estado de derecho, uno no sabe nunca por donde se sale, y todas las dictaduras han venido con una rotura del estado de derecho. Por lo tanto, lo veo irresponsable lo que están haciendo, pero la mitad de la culpa la tiene la otra parte. Ahora, si me piden como saldremos, no lo sé. No lo sé porque los defensores de la tercera vía siempre fracasamos. También creo que no estamos en el 36, España no es la España inculta del 36, ni tan famélica y dividida como en el 36. Yo no lo veo factible, está Europa, hay un mundo. Tendremos que encontrar una solución. Lo triste es que esta solución traerá perdedores, no sé quién, todos probablemente, pero unos más que los otros y no sé cómo se tiene que acabar de resolver.

 

 

Decía Largo Caballero, que lo fácil era sacar los obreros, la gente a la calle, ilusionarla. Lo difícil era explícales que después tenían que volver a sus casas. Ahora hay miles y miles de personas dentro de y fuera de Cataluña, ilusionadas con el proceso y si no sale adelante, creará una decepción brutal en la sociedad.

Había caminos antes de llegar a la ruptura como alternativa. El presidente Mas en 2012 fue a ver a Rajoy para pedir una reforma de la financiación… Y aquel se cerró en banda. Salió independentista, no entró independentista, salió. Ya tenía la idea del  independentismo, está claro, siempre la ha habido, pero se reforzó la idea del independentismo.

 

Rajoy creyó que esto favorecía al PP. En España el refuerzo de la derecha va, en proporción contraria, a la defensa del catalanismo. Cuanto más anti catalanista eres, más gente tienes a favor y los políticos no deberían caer en esta demagogia, porque esto es fácil, pero estás creando independentistas al lado. Y aquí es el momento difícil con el que  nos toparemos, ya esto está cuesta abajo, ya está fijado el día.

 

¿Cómo mantiene este vínculo tan fuerte con Menorca política e intelectualmente? Porque usted ha trabajado en media España.

Siempre he tenido mi casa  en Menorca donde he estado trabajando durante 25 años. Un amigo siempre me decía, «Tienes perro? No. Pero, si tuvieras perro ¿dónde viviría, dónde estaría su casa?». Mi casa es Menorca, aunque ahora tenga el despacho en Valencia.

 

 

¿Por qué ‘La chica que salió de un cuadro de Botticelli’?

El título, que ha provocado adhesiones y críticas, tiene una explicación clara: gran parte de la novela transcurre  en el Burgos de la guerra. El personaje que va a Burgos desde Zaragoza y es el primer presidente de la Junta de Defensa Nacional es el General Miquel Cabanyelles, que había sido General en Mahón durante la república, enviado, degradado un poco, por Primo de Rivera y había hecho muchos amigos republicanos. En Zaragoza se añade al golpe de estado, y  pasa que muere Sanjurjo en aquel viaje que tenían que hacer. Mola lo va a buscar a Zaragoza y él se lleva a un personaje clave de la novela que estaba opositando una cátedra y queda aislado en Zaragoza y le involucra en el «movimiento». Cabanyelles es el primer líder, después lo sería Franco, y en el 37, Cabanyelles va a visitar un hospital de guerra en Burgos donde encuentra Paula Torelli que ido a Burgos para seguir al que después será su marido. Y Cabanyelles al pasar revista la reconoce como la novia de este muchacho de Mahón  y le dice: «Señorita, usted parece una chica que ha salido de un cuadro de Botticelli» como prototipo de belleza de muchacha guapa, rubia, prototipo del concepto de belleza de la época… Y de aquí el título.

 

 

Esta es la última novela, ¿Ya está con otra?

No, ahora estoy acabando un libro de historia. El primer libro que publiqué con la editorial Moll en 76 era precisamente «Menorca, siglo XX. De la Monarquía a la República» Era un ensayo sobre la monarquía. Con los años ha habido  mucha más investigación. Además pude adquirir el archivo de Manuel Guasp, alcalde de Palma, presidente de la diputación, diputado y sobre todo número dos de Antoni Maura. Ha sido una joya, de cartas personales tanto de Maura cómo de él mismo con otros políticos y esto me ha dado mucha información  para rehacer una visión más completa de la época y ahora estoy con esto.