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Exposición antológica de Carloandrés en el Centre Socio Cultural de S’Alamera d’Eivissa

REDACCIÓ PALMA 01.11.2011. Sobre la exposición antológica de Carloandrés en el Centre Cultural S'Alamera del 
Consell d'Eivissa

Carloandrés nos devuelve al paraíso de una Ibiza desaparecida –desconocida por algunos– cómo sólo lo pueden hacer los artistas que lo son, que lo sienten, que han adquirido la mágica capacidad de conmover el espectador. Valenciano por familia, formación y vocación; ibicenco por obras, aprecio y elección; pertenece a aquella generación de artistas de la luz mediterránea que surgieron reivindicando Sorolla contra los “sorollistes”, como dirá de él el poeta José Hierro, a la crítica que le dedicó a una de sus exposiciones a la sala Toisón de Madrid, la ahora lejano 1964.

Carloandrés disfrutó de una sólida formación académica lograda en cuarenta, a las Escuelas de Bellas artes de San Fernando (Madrid) y a la de Santo Carles de Valencia. Pero también en la Escuela de Artes y Oficios de la capital levantina y a su trabajo de aprendiz de un taller de imaginería valenciana. Así, a su formación, también influirán Díaz, Tuset y Benedito, tres de los pintores y profesores más reconocidos de la época.

Su lanzamiento pictórico fue a la de la sala Matáis de Valencia en 1948. En esta primera exposición, ya apuntan algunos de los que serán sus géneros más estimados: el retrato, el paisaje y la natura muerta –o cómo dicen otros– la vida inmóvil. A raíz de esta muestra, y de la consideración que de él tenían sus profesores en Valencia, obtendrá por concurso oposición, la primera pensión individual que concedió la Caixa de Ahorros de Valencia (1949 – 1950), prorrogada más tarde por el periodo 1950 – 1951. Fruto de esta pensión será su primer contacto con las islas, con una breve estadia en Palma, donde peine diversas de las obras que ahora se conservan al fondo de la Obra Social de Bancaja. De aquellos años son unos irreconocibles cuadros de Carloandrés, de factura clásica y pintados en ocres, sienes y negros, a la manera de aquellos tiempos.

El año 1958 – después de un breve paso por el Instituto Laboral de Lalín (Pontevedra) obtiene la segunda mayor puntuación a las oposiciones para las cátedras de dibujo artístico de las Escuelas de Artes y Oficios. Contra todo pronóstico, elige la cátedra de Dibujo Artístico a la Escuela de Artes y Oficios de Ibiza, que restaba vacante debido a la jubilación del pintor Agudo Clarà. La llegada en Ibiza coge profundamente el espíritu del pintor que –en menos de dos años– hará un tumbo radical hacia la madurez pictórica, ninguno un estilo colorado y luminoso, pleno de matices, que ya lo acompañará por siempre jamás a pesar de los cambios en su tratamiento de la materia.

Al llegar en Ibiza se integra rápidamente como un más al reducido grupo de los pintores ibicencos y residentes, con los cuales compartirá experiencias y exposiciones, a pesar de no formar parte de ninguno de los dos grupos organizados de la época –Grupo Puget, formado en 59 por cinco ibicencos, y Ibiza 59, un colectivo de artistas extranjeros– la influencia de Carloandrés al ambiente artístico pitiús se hará patente tanto al ámbito social, como el educativo. Una lista de los discípulos que pasan por sus clases en estos cincuenta años de ensenyança sería interminable: pintores, escultores, decoradores, arquitectos. Todos reciben formación en el dibujo artístico y técnico de sus manos.

En Ibiza conoce también el pintor catalán Miquel Villà, entonces ocupando habitual –junto con su esposa Blanca– de una habitación de la Fonda Marina. Villà pasa largas temporadas en Ibiza desde antes de la Guerra Civil, y tiene un aprecio especial por el paisaje y la luz de la isla. Su amistad –que se mantendrá hasta la muerte del pintor catalán– producirá una estimulante relación intelectual y artística, que llegará a influenciar el estilo de ambos pintores intercambiando técnicas y temas.

Durante este último más de medio siglo en Ibiza, ha realizado más de cincuenta exposiciones individuales y un gran número de exposiciones colectivas. En su momento, es uno de los pintores de Ibiza con una más continuada presencia al exterior. En Palma, expone a las Galerías Danús (del pintor Busser) el 1962. Posteriormente, lo hace a las Galerías Costa regentadas por Josep Cuesta “Cascabel”(1965), al Círculo de Bellas artes (1966-67-68 y 1972), a la Galería J. Blandas (1973-74 y 75), Byblos (1978), otra vuelta a Danús (1979-80 y 81), Galería Nadal (1983) y a la Horrach-Moyà (1995). Además de las numerosas exposiciones celebradas en Ibiza, ha expuesto en Sevilla, Valencia, Zaragoza, Madrid, Neuchatel y Lavaux (Suiza), etcétera. Entre los premios y reconocimientos obtenidos destacan el Molina Higueras de la Real Academia de San Fernando y lo Diploma de Mérito de la misma Academia, la mención honorífica y medalla de bronce a la Bienal de Arte del Reino de Valencia (1951), la medalla de plata de la Exposición de, Bellas artes de la Sociedad Benimar de Valencia (1954), la accèssit al concurso para la decoración de la Capilla de las Navas del Marqués, así como su participación al concurso de los murales de la Basílica de Nuestra Señora de Arantzazu, expuestos al Museo de Arte Contemporáneo de Madrid.

Carloandrés ya llega formato, pero está en Ibiza dónde es convierte en maestro. Su mirada pura transforma la realidad y la vuelve alma. Su supuesto realismo no es tal. No pinta los objetos sino que quiere encontrar el espíritu de las cosas y el alma de las personas. Carloandrés romp el tópico del blanco ibicenco y pinta una Ibiza colorista, de tierras rojas, de cielos azules y fríos o invadidos de solo y calor, de paredes rompudes de moratón y malva. Es un pintor urbano, cuando juega a transformar las perspectivas y los módulos que le otorga la ciudad. Es un pintor poético cuando sale a los campos de Vila, al Monte des Molinos y refleja como nadie la luz arriba la tierra, las casas, los surcos, los pajares, la vida bucólica al pequeño paraíso. La tierra entra físicamente al suyos cuadros y la materia se recaragola, luchando para liberarse del domine impuesto por el artista.

Pocas son las ocasiones en que a un gestor cultural se le presenta la oportunidad de comissariar una exposición de esta vainica. Más de sesenta años de arte y de cultura, más de trescientas obras que han pasado por mis manos en un ejercicio de elige imposible, centenares de acuarelas, miles de dibujos y documentos que ni siquiera un museo alcanzaría. Un recorrido por la historia reciente de nuestro pequeño país insular. De nuestra “roqueta en medio de la mar” que diría don Isidor, mientras Carloandrés lo inmortalizaba, y quizás soñaban juntos en móns de arte y de poesía.

Andreu Carles López y Seguí.

TRACALICS S.L. Comisario de la Exposición. Palma, octubre 2011.